El asombroso cabeza de tornillo y otros objetos extraños, de Mike Mignola |
Si metes en una coctelera los misterios fantásticos, el folclore ruso, celta o africano (por decir algunos; en realidad tienen cabida todas las mitologías del mundo), los riegas con una buena ambientación victoriana añadiendo una generosa envoltura de surrealismo y humor negro, y consigues que todo eso funcione, eres un genio del cómic y te llamas Mike Mignola.
Genio en el sentido de haberse labrado un estilo propio personal y muy identificable (del que le han surgido nutridos imitadores), convirtiéndose en todo un modo postmoderno de hacer cómics.
El asombroso cabeza de tornillo y otros objetos extraños es un ejemplo de las bondades del buen hacer de Mignola, fuera de su creación más célebre, el demonio Hellboy. Una colección de deliciosas historias cortas y autoconclusivas de misterio y humor, con ese aire a película de terror gótica de la época dorada de la Hammer (las de Christopher Lee y Peter Cushing). Y es que en la ambientación Mignola es todo un maestro escenógrafo en el uso de la oscuridad sacándole partido a aquello que insinúa con un pincel de leve luz de penumbra y muestra con cautela y trazos sencillos pero precisos. Su estilo de dibujo es parte de la marca de fábrica, pero es que el tratamiento de las historias no le va a la zaga. Con los personajes mezcla solemnidad con un surrealismo humorístico y mordaz, con una dignidad propia de aquellos aventureros victorianos de inspiración Vernesca, que se saben en medio de una situación desesperada y extraña sin abandonar sus modales caballerescos, dejar de colocarse bien la corbata o llevar limpios los zapatos.
El asombroso cabeza de tornillo es la historia principal del tomo, siendo la más larga y desarrollada. Con ese toque pulp que ya posee su demonio rojo, con el presidente Abraham Lincoln como jefe de operaciones (gran cariño le tiene el autor a este personaje, pues Abe Sapien, compañero de correrías de Hellboy, viene también inspirado por el presidente que abolió la esclavitud en los EE.UU.) y el Emperador Zombi como némesis, esta historia se hizo con el Premio Eisner al mejor cómic de humor de 2003, y no es de extrañar leyéndola y disfrutándola. De hecho, conoce una adaptación animada donde literalmente el dibujo de Mignola cobra vida, con todas sus sombras y oscuridades, a modo de episodio piloto de una serie que desgraciadamente no paso a mayores.
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Quizá una de las debilidades de Mignola como autor son los altibajos de ritmo en sus historias de mayor extensión, pero como esta es una colección de relatos cortos, sólo podemos señalar bondades de un tomo que se lee con la fascinación de los viejos mitos del terror clásico. Un relato inspirado por su propia hija de siete años (El mago y la serpiente), una revisitación del cuento clásico de las habichuelas mágicas con espectacular germinación de las mismas en Abu Gung y las judías mágicas, un relato macabramente divertido como La bruja y su alma, y una fantasía de tintes Wellsianos y Vernianos, marcadamente surrealista (El prisionero de Marte), conforman un retablo adornado por ilustraciones aisladas a modo de estampas o daguerrotipos, culminado por las páginas de En la capilla de los objetos extraños, un divertimento de apenas tres páginas donde todas las historias se relacionan en un cuchitril oscuro y húmedo lleno de marionetas y santos tenebrosos (de hecho, pequeños guiños unen algunas de las historias entre sí). Cierra este tomo editado por Norma una colección de bocetos comentados por el propio Mignola, donde aparte de aclarar ciertos detalles nos regala una serie de divertidas explicaciones, muy en su línea de escritura.
Magos amigos de serpientes leales, agentes secretos que se desatornillan la cabeza, demonios que gustan de hacer marionetas volantes con las almas de infelices y científicos que no dudan en morir para alcanzar una incorporeidad que les permita viajar al espacio, te proporcionarán un rato divertido y siniestro como sólo el bueno de Mike sabe conjugar.




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