El blog del experto

Frühbeck y Ax aúnan fuerzas en un programa muy bien elegido para la ocasión

Publicado por Jaime Arroyo 24 Enero 2012

Vuelve Rafael Frühbeck de Burgos a la que fue “su” Orquesta Nacional de España. Lo hace con dos composiciones que le van como anillo al dedo: el “Concierto nº5- Emperador-“,  de L. v. Beethoven, y la “Sinfonía fantástica”, de H. Berlioz. Es infatigable este maestro, cercano a ser octogenario. El año pasado abandonó la titularidad de la Filarmónica de Dresde (Dresdner Philharmonie), pero eso no le impide ser invitado alrededor del mundo. Hoy en Madrid, mañana en Viena y pasado en Dresde (vuelta a la que fue su casa). Luego estará en Berlín y Filadelfia. Es incansable, desde este año es titular de la Nacional danesa. “Es una orquesta magnífica”, dijo. Además vendrán a España el año que viene.

Emmanuel Ax fue el invitado a sentarse ante Beethoven. Hace poco escuché sus “tríos” mendelssohnianos, junto a Yo-Yo Ma e Itzhak Perlman, en un disco de reciente aparición (SONY-BMG). Junto a André Previn grabó los dos últimos conciertos del de Bonn, con la Royal Philharmonic. Tilson Thomas y la Sinfónica de San Francisco también le hicieron grabar el Cuarto, hace muy poco. Genial es su Schumann, de hecho el económico y emprendedor sello NEWTON acaba de reeditar sus grabaciones de 1981. Irradia simpatía el pianista neoyorquino, charlando minutos antes de comenzar su interpretación delicada pero temperamental. Adora Madrid y piensa volver a nuestro Teatro Real…

Nuestra orquesta sonó empastada, con una cuerda de aroma germánico, gracias a la ayuda de la concertino invitada, proveniente de la Sinfónica de Viena. “Frübeck fue mi jefe allí”, comentaba con cercanía. La magia surgió desde el primer movimiento beethoveniano, con un Ax de dedos ágiles pero sutiles e incisivos, dependiendo de las exigencias de la partitura. Fabulosa propina pianística de Schumann. Este repertorio le gusta al maestro burgalés. Se nota y se agudizó en Berlioz. Pese a los complejos momentos de metal y de sincronización entre las arpas, el resultado fue trepidante. Precioso fue el pasaje dialogado entre el corno inglés y el oboe. Fantásticos estuvieron los fagotistas. El último de los tiempos se aceleró de manera vertiginosa con estruendo, para acabar rematado con una fastuosa ovación del público.  He de señalar que se colgó el cartel de “Localidades agotadas”.

Espero que os guste la entrevista al maestro Frühbeck de Burgos, en el Teatro Mariinski, de San Petersburgo.


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